Despertó en otro sueño. Era feliz, feliz por el ansia.
El ansia de no querer despertar, y la esperanza que ello conllevaba. Falsa esperanza.
El mejor momento era el instante anterior al despertar, mas ese momento era comparable al de después de la asimilación de no haberlo conseguido. Era un continuo vivir fuera del presente, y por tanto, un vivir incapacitable para disfrutarse de forma plena.
¿Por qué, entonces, llamarle felicidad, a algo cuyo núcleo está invadido por la codicia?
Porque la felicidad está siempre dentro, mientras vivas. Es una parte inseparable del estado vital. Sin embargo, la máxima felicidad sería comparable a estar muerto, vacío, pleno. Y si la buscas en vida, te dominará el sentimiento codicioso que pretende alcanzarla y, por ello, nunca será posible llegar.
¿Qué es la vida, sin la sombra?
¿Qué es la felicidad, sin el sufrimiento?
¿Qué sería la muerte efímera e implacable, sin la vida eterna de los cielos?
¿Qué es Dios sin el Diablo?
¿Y qué es el Sol sin la Luna?
La humanidad está aquí, siempre aquí. Nunca habrá otras perspectivas; pues solo seres pensantes; los únicos seres pensantes... Solo ellos conocen el secreto de volar, y llegar a lo más alto, como a lo más bajo.
¿Prefieres la gloria, el sufrimiento; o te conformas con la paz y tranquilidad?
¿Soportas el peso de la fuerza destructora del vicio reminiscente y olvidado de las virtudes que antaño existían pero hoy perecen..., o elegirás aprender de los errores que nunca fueron errores?
¿Eres fuerte y escondes un profundo dolor vitalista, o eres débil y aplanado; admirado por todos?
¿Mientes o usas la espada que corta lo infinito a través de la verdad?
¿Vía fácil y segura, o vía lenta, dolorosa e irracional?
Razón,
la razón es la irracionalidad más pura.
Te lo dice alguien racionalmente puro.
Existes, porque piensas... Pero quizá yo no.
Quizá solo sea ilusión de tu mente...,
...con propia conciencia.
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