Planes desechos,
caminos muertos,
usé todo el valor que pedí,
por crear un tornado de rebelión.
Pues elegí sentir al vivir,
y no perecer en esa misma prisión.
La elección es, pues, rebeldía,
¿por qué no escucho latir el corazón?
Cánticos siempre vivos, definibles aun en ese humilde,
silencioso, y puro,
Silencio...
¿Merece la pena seguir,
arrastrarse,
perseguir?
¿Tanto parece pedir el devenir?
No le doy mérito a mis palabras,
tanto como a lo que mediante ellas,
y las otras,
me pude, desde mi oscura y enrevesada raíz de'ste ser,
fundir, y así poder creer...,
...que el precio fue justo e inevitable,
y precisamente por ello,
me sé libre para hacer de lo imposible,
una vía más
donde sembrar,
cosechar,
nadar,
dibujar -con colores-,
y darle a la sombra de mis pasos,
el valor que, con cierta convicción subjetiva,
libremente decido dar.
Pues tras esos pasos,
quizá no vale la pena volver,
y olvidar,
que no es la felicidad lo que creíste firmemente llegar a encontrar,
sino que pudo ser el olvido del recuerdo que tanto éxtasis te da,
siempre que lo elijas,
en su llegar...
El problema del camino* siempre radica en ese propio destino*.
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