Shen me ha castigado,
impidiéndome salir.
Salir a donde crece la fantasía de los sueños.
Donde los sueños rezan por ver la realidad creadora del poder invisible de la mente.
Santa trinidad.
Tríada:
mente, cuerpo, y alma…
Es la línea del equilibrio,
algo que te hace sentir, querer y poder.
Mas estas tres cosas son peligrosas.
El cuidado estremece el alma, auto-detruye la mente, y crea el cuerpo.
Cuerpo de nihilismo.
El valor del todo por el precio de la nada.
Ahora todo es valioso,
porque nada valió la pena.
Por eso digo: cree…
Cree en algo,
cuando ese algo será el todo.
El todo que te encontrarás cuando termines de pensar y aterrices de forma natural en el lugar que te corresponde,
que SIEMPRE te correspondió.
Quizá no lo sabías,
pero era tu destino.
Era lo que querías.
Y lo que querías,
se hizo realidad.
Ahora eres feliz.
Pero no lo eres, no, no lo eres.
Es lo que llaman equivocación.
Y ahí es donde yo te pregunto
¿Tuviste el valor de creer,
o, simplemente, te mentiste creyendo ser quien no eras…
…pero quisiste ser.
Para olvidar que quien eras era alguien demasiado puro para lo que en el momento podías comprender.
Impureza.
Pureza inalcanzable para alguien culpable, no impuro, pero sí cumpable…
Porque la culpabilidad es el temor, es la capa que impide lo ilimitado.
Que impide Ser.
Que impide creer.
Que impide escribir.
Que impide…
Impide…
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